
La noche prometía ser una más. Las chicas y yo salimos por donde siempre con la idea de unas cuantas birras y ponernos al día. En mis planes no entraba para nada Don Indeciso, pero claro, él entró igualmente. Me abordó en la barra con mi segundo tercio que iba en camino de ser el tercero y terminó siendo el quinto. Lo sé, a mí tampoco me salen las cuentas, pero es algo que ya viene siendo típico cuando se trata de él. Cuando estamos juntos el resto del mundo no existe. Tiene ese poder sobre mí, y me gustaría pensar que yo lo tengo sobre él. Me olvidé de mis amigas, abandonadas en la mesa, me olvidé de "no pasarse con la bebida", incluso me olvidé de que estaba enfadada con él. Empezamos con los temas de costumbre, con el flirteo encubierto de costumbre, y terminamos... donde ya viene siendo costumbre también. Sus sábanas empiezan a serme más familiares que las mías propias, y esto tampoco me lo explico. Y lo peor de todo, es que estoy empezando a fumar otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario