domingo, 27 de mayo de 2012

Ella era así.



A veces tenia que escapar, por la noche, deprisa y sin hacer ruido. De hecho, solía hacerlo a menudo. Desaparecía sin siquiera una mínima explicación, dejándome allí esperando y sin entender nada.
Pero con el tiempo me acostumbré a sus idas y venidas, a no preguntar y hacer como que nada había pasado. Sencillamente, la esperaba con una sonrisa y trataba de alimentarme de las suyas sin esperar nada más a cambio.
Así me convertí  en un mendigo de sus sonrisas, pero también era la única persona a la que ella volvía sin temor a recriminaciones ni preguntas. Aunque reconozco... que una parte de mí moría cada vez que ella se iba lejos.
Siempre habría una parte de mí que no se conformaría, que querría más.