Por un momento fui feliz. Me permití ser feliz y no pensar.
Y fue humillante.
Porque te creí, te creí y olvidé mi única norma: nunca debo relajarme contigo. Por eso olvidé que tú únicamente sabes jugar. Yque yo únicamente soy tu tablero.
Pero de ello aprendí. Me puse a tu nivel, memoricé las normas de tu juego y las mejoré. Te gané.
Los sabios de manual siempre repiten que "de los errores se aprende", y, aunque detesto ese disco rayado, ahora sé que es cierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario