
Las historias casi nunca empiezan a contarse por su final, normalmente, porque saber exactamente cuál es ése final es imposible. Si en la vida real fuese tan sencillo como el "y comieron perdices", seamos honestos, todo sería muy aburrido.
En cambio el principio de todo es bien conocido porque siempre es el mismo: cuando ocurre algo que cambia nuestra monótona existencia.
Y si todo esto está tan claro, ¿cómo es que mi historia empieza justo a mitad? Créanme, no es por llevar la contraria.
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