jueves, 15 de diciembre de 2011

Sufro de paranoia crónica desde hace una semana.
Cada vez que voy andando por la calle y veo a un chico con gorro las pulsaciones se me disparan, el estómago me da un vuelco y me cuesta un minuto entero volver a serenarme. Está empezando a ser un acto-reflejo odioso.
Una pena haberles cogido manía a los pobres gorros, ellos no tienen la culpa...

1 comentario:

est dijo...

dan pena tantas y tantas cosas... pero tenemos que centrarnos, sin que nos den vuelcos en ningún sitio!! tevuic cosalinda!